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viernes, 16 de agosto de 2013

La protección de cultivos en zonas periurbanas

Casafe coordina evaluaciones sobre aplicaciones y buenas prácticas agrícolas.

 

 

Existe hoy una gran controversia respecto de las aplicaciones próximas a las viviendas, muchas de ellas sin fundamento técnico ni científico. Por eso, es necesario destacar que las aplicaciones de agroquímicos bajo buenas prácticas agrícolas son las que aseguran evitar derivaciones indeseables.
La concientización sobre el cuidado del medio ambiente está creciendo en la sociedad, axioma que queda demostrado por el alto grado de preocupación actual por el uso de los productos fitosanitarios.
Debido al desarrollo creciente de los centros urbanos sobre áreas tradicionalmente agrícolas, los habitantes perciben a las prácticas habituales de manejo y aplicación de fitosanitarios como un riesgo potencial para su salud y la sustentabilidad del ambiente.
Ensayos. Durante 2012, se desarrollaron nuevos trabajos bajo la coordinación de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe) con el aporte de profesionales, instituciones, universidades y empresas privadas.
Estas experiencias se desarrollaron en distintas zonas agrícolas del país; se realizaron aspersiones terrestres y aéreas, con el fin de evaluar las posibles derivas en distancias desde la aplicación a zonas periurbanas y urbanas.
Se realizaron determinaciones analíticas de la cantidad exacta del producto recogido en estaciones de captura (cajas de Petri) ubicadas perpendicularmente a los tratamientos y en sentido de donde provenía el viento.
En uno sólo de los ensayos realizados se evidenció una muestra de la sustancia marcadora a los 40 metros, por fuera del área de aplicación. La deriva encontrada fue en una de las aplicaciones aéreas y se consideró que se debió a ráfagas de viento que usualmente se presentan en la zona.
En la muestra se detectó la presencia 1,21 µg (microgramos) del fitosanitario aplicado, mientras que el caldo originalmente pulverizado contenía 300 gramos del producto formulado por hectárea. Esa muestra encontrada (1,21 µg) es insignificante comparada con aquella dosis que pudiera ocasionar algún problema en la salud.
Bandas de seguridad. Finalmente, estos trabajos y los antecedentes internacionales existentes, permiten concluir que si se siguen las recomendaciones de aplicación bajo las buenas prácticas agrícolas se pueden realizar aspersiones dentro de las distancias sugeridas como bandas de seguridad de 100 metros para aplicaciones terrestres y 200 metros para aplicaciones aéreas.
Con estas recomendaciones de distancias y el uso responsable de los productos para la protección de los cultivos no son de esperar riesgos toxicológicos y/o ecotoxicológicos.
*El autor es ingeniero agrónomo; actualmente se desempeña como asesor externo de Casafe (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes) y como asesor fitosanitario privado.

 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Por año los principales cultivos extraen 4 millones de tns de nutrientes



Sólo se reponen 1,4 millones por fertilización. Ese balance negativo afecta los rendimientos. La siembra directa es una de las claves para mejorar.



Tapar el sol con una mano. Eso es pensar en incrementar la productividad agrícola sin tener en cuenta la presión que se genera sobre los recursos naturales. Según una nota de la nueva edición de la revista RIA –que estará disponible en pocos dìas más–, los procesos erosivos que se producen por efecto de la naturaleza y la intensificación agrícola afectan una cuarta parte de las tierras mundiales, lo que representa un reto para la agricultura. Desde hace más de cuatro décadas, la siembra directa responde a ese desafío.
“En la próxima década debemos producir alimentos en 10 millones de hectáreas adicionales para poder abastecer a la población creciente. Si se tiene en cuenta que las tierras fértiles están todas cultivadas y se tiene que avanzar sobre áreas con mayores riesgos de degradación, la fertilización y la siembra directa son herramientas aptas para atenuar los crecientes problemas de contaminación y deterioro de suelos, aguas y atmósfera”, explica el director del Instituto de suelos del Inta, Miguel Taboada.
Adaptada en más del 70 por ciento de la agricultura argentina, la siembra directa (SD) es una técnica basada en el cultivo de la tierra sin arado previo. Así, no se remueven los rastrojos de los cultivos anteriores para asegurar una cobertura permanente del suelo y mejorar las condiciones físicas, químicas y biológicas del recurso.
Según estimaciones de la Asociacion Argentina de Productores en Siembra Directa, , en esa vertiginosa carrera hacia otro tipo de agricultura se dejó atrás el sistema de arado milenario y se implementó esa técnica en alrededor de 90 millones de hectáreas a escala mundial, entre las cuales 45 millones se encuentran en América del Sur, la mitad en Argentina y la otra mitad distribuida entre Brasil, Paraguay y Uruguay.
Al evitar remover la tierra se garantiza una menor oxidación de la materia orgánica y una mayor estabilidad de los agregados del suelo; al conservar su bioporosidad, los canales generados por las lombrices y las raíces son más estables y permiten mayor ingreso de agua al perfil. Al mismo tiempo, la densa cobertura de rastrojos presente en la superficie protege al suelo del impacto de las gotas de lluvia, reduce el escurrimiento del agua y amplía el tiempo de permanencia sobre los residuos para una mejor infiltración.
Consultada por la Revista RIA, la especialista en suelos del Inta Parana, Carolina Sasal, asegura que “la SD apareció como respuesta técnica al problema de degradación de los suelos laboreados y erosionados de la región pampeana y su amplia difusión respondió, fundamentalmente, a razones económicas como la reducción en el uso de combustibles fósiles y a su simplicidad operativa”.
A pesar de que su aplicación mejoró las condiciones del suelo y permitió extender la frontera agrícola sobre tierras consideradas de baja aptitud agrícola, la solución no se agota allí. El presidente de la Asociacion Argentina de Ciencias del Suelo, Jose Luis Panigatti, considera que “no hay que pensar que la siembra directa es la panacea, ya que debe complementarse con un adecuado plan de rotaciones de cultivos, fertilización adecuada y darle al suelo la mayor combinación de elementos que permitan conservarlo, ya que de otra manera no se recupera”.
Diversificar para conservar
Desde principios de la década del 90 hubo un avance sostenido de la producción agrícola nacional pero con un marcado desbalance en la selección de cultivos: se produjo el desplazamiento de pasturas hacia zonas marginales y se incrementó la superficie destinada al cultivo de soja transgénica que, asociada a la SD, logró trascender la región pampeana hacia áreas marginales con suelos limitados para la agricultura tradicional.
Para los especialistas del INTA, la tendencia al monocultivo no brinda los beneficios ecológicos y agronómicos que aportan las rotaciones ya que “en el monocultivo de soja, hay baja cobertura de residuos en superficie, se reduce la cantidad de macroporos del suelo y su estabilidad. Eso favorece la formación de una estructura laminar que restringe el ingreso de agua al suelo y, en consecuencia, se registran pérdidas de agua por escurrimiento y del suelo por erosión”, explica Sasal.
De acuerdo con el director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, Roberto Casas, la falta de cobertura anual del suelo con ese cultivo se debe a que “la soja aporta un rastrojo rico en nitrógeno que se descompone rápidamente y deja al suelo expuesto a la acción erosiva, lo que es preocupante porque se pierde, aproximadamente, un 0,1 por ciento de materia orgánica por cada centímetro de suelo degradado”.
En esa línea, Taboada, quien también es representante argentino en la Alianza Mundial del Suelo (ver recuadro), estima que el hecho de que la SD no sea adoptada de la misma forma en otros países podría deberse a que su práctica está asociada directamente con los efectos que produce el monocultivo de soja. Por eso, “es necesario diversificar los cultivos para poder defender este sistema, que es capaz de preservar nuestros suelos y que nos permite producir alimentos económicos y sustentables para una gran parte del mundo”, señala el especialista.
En este sentido, dado que los resultados de la SD y el impacto ambiental que se genera dependen de la secuencias de cultivos que se implemente, la rotación de cultivos es clave, ya que mejora el balance de los nutrientes y la materia orgánica en los suelos, el aprovechamiento del agua y tiene un efecto inhibitorio sobre diversos patógenos (plagas, malezas y enfermedades).
Para Casas, en la labranza conservacionista “las pérdidas de suelo por erosión son inferiores a 2 toneladas por hectárea y por año, muy por debajo del máximo tolerable, que ronda las 10 toneladas por hectárea”. Además, recomienda que la soja se alterne con cultivos de gramíneas (trigo, cebada, centeno o maíz) porque tienen un sistema radical que generan mejor calidad de la estructura del suelo en superficie.
Al suelo, lo que es del suelo
En la Argentina, los principales cultivos extraen unos 4 millones de toneladas de nutrientes por año y sólo se reponen 1,4 millones por fertilización. Según Taboada, ese balance negativo afecta los rendimientos productivos ya que “por cada tonelada de soja que cosechamos extraemos siete kilos de nutrientes y si el nitrógeno no se toma de la atmósfera o no lo produce el suelo por mineralización, hay que reponerlo con fertilizantes”.
Con rotaciones adecuadas y una densa cobertura superficial de residuos vegetales se logra mayores rendimientos de los fertilizantes que son favorecidos por la cantidad del agua que circula por infiltración, una condición que le devuelve al suelo sus aptitudes naturales para filtrar y regular los ciclos y los nutrientes.
Para contrarrestar los efectos del control mecánico de malezas en sistemas de labranza, la SD combina el control químico realizado con herbicidas de translocación no residuales aplicados con tecnología de precisión que, si se complementan con un manejo integrado de plagas, permite minimizar la presencia de compuestos químicos en la superficie del suelo.
A su vez, Sasal, explica a RIA que estudios realizados en la estación experimental del INTA Paraná demuestran que “con secuencias de cultivos que incluyan gramíneas, donde la mayor parte del año el suelo está cubierto por cultivos con raíces vivas, hay una mejora en la amortiguación del impacto de los rodados de los implementos agrícolas y en la conservación de la biodiversidad del suelo.
También hay menores pérdidas de agua por escurrimiento y, consecuentemente, se reduce la pérdida de nutrientes y plaguicidas”.
En suelos donde hay pendientes pronunciadas y un elevado escurrimiento es necesario que “además de implementar prácticas para mejorar el ingreso de agua al suelo, se complemente la SD con prácticas de sistematización de tierras como la construcción de terrazas y otras medidas para conducir los excedentes hídricos”, indica la investigadora.

martes, 23 de julio de 2013

Científicos del Conicet trabajan en papas mejores y más resistentes

La nueva variedad se ensayó en campos de Córdoba, Mendoza y Buenos Aires y se comprobó que las plantas son más resistentes a un tipo especial de virus.

 Un equipo de científicos argentinos liderados por Fernando Bravo Almonacid, investigador principal del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI, CONICET-UBA), desarrolló plantas de papa resistentes al Virus de la Papa Y (PVY, por su sigla en inglés), una enfermedad que afecta a mas del 50 por ciento de los cultivos y reduce su productividad desde un 20 hasta un 80 por ciento, en los casos más severos.

”Este virus provoca deformación y decoloración de las hojas, que afecta la fotosíntesis. Esto lleva a que el tubérculo crezca menos y se reduzca la productividad de los cultivos”, indica Bravo Almonacid, quien agrega que si la planta es además coinfectada por otro virus la pérdida de productividad puede aumentar significativamente.

El PVY se transmite por insectos (áfidos) y además de causar infecciones severas puede persistir en las subsiguientes generaciones de tubérculos, lo que lo convierte en una plaga difícil de erradicar.

Durante seis años ensayaron 2 mil plantas de dos líneas diferentes en campos de las provincias de Córdoba, Mendoza y Buenos Aires, con suelos y climas diferenciados. Los resultados fueron los esperados: no se observó infección por PVY en las plantas genéticamente modificadas, mientras que entre aquellas no modificadas la tasa de infección fue alta, entre un 60 a 80 por ciento.

Para estudiar como interactúan las plantas modificadas en relación con su entorno, los investigadores eligieron ambientes libres de virus. De estas pruebas concluyeron que las papas modificadas genéticamente y aquellas que no lo son, resultan ser idénticas desde el punto de vista agronómico, composición bioquímica, valor nutricional y rendimiento.

Según Alejandro Mentaberry, coordinador ejecutivo del Gabinete Científico Tecnológico (GAGTEC) del Ministerio de Ciencia, investigador del CONICET y miembro del equipo, “no existen diferencias significativas entre las papas modificadas y aquellas que no”.

La importancia de trabajar con este cultivo reside en el hecho de que la papa es una planta latinoamericana y que toda su biodiversidad e incluso sus patógenos se encuentran en el continente.

Mentaberry explica que un cultivo mejorado que resista al PVY beneficia en primera instancia a los pequeños productores, especialmente aquellos que trabajan en agricultura primaria – muy poco tecnificada – y cuyo principal problema son las plagas. Por otra parte, la papa se cultiva además en forma industrial para ser utilizada en alguno de sus múltiples formatos como las papas fritas envasadas o el puré instantáneo.

“Si tomamos en cuenta los usos que se le da a este cultivo en la región, podríamos decir que este trabajo tiene un doble impacto a nivel social e industrial”, analiza.

Del laboratorio a los campos argentinos

El evento científico de la papa resistente al virus PVY está próximo a comercializarse. El Laboratorio de Biotecnología Vegetal Tecnoplant-SIDUS S.A es el encargado de llevar a cabo los pasos siguientes que están relacionados con los controles necesarios para poder introducir un cultivo modificado genéticamente al mercado.

“La tecnología de modificación genética es una herramienta muy útil para lograr adaptar una planta a alguna necesidad particular y en este caso hemos obtenido muy buenos resultados”, asegura Valeria Rudoy, Jefa de Producción de SIDUS S.A.

En este momento la invención se encuentra en su fase de evaluación número dos y la papa está siendo sembrada bajo el control del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, bajo las normativas de la Dirección de Biotecnología del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, específicamente de la Comisión Nacional Asesora en Biotecnología Agropecuaria (CONABIA). Todo el proceso está a su vez supervisado por el Instituto Nacional de Semillas (INASE), que controla los eventos sembrados.

Una vez que se concluya la fase II en CONABIA y se obtenga la aprobación del Ministerio de Agricultura, se procede a la Evaluación de Mercado. A su vez el proyecto tiene que ser aprobado por la Dirección de Calidad Agroalimentaria dependiente del SENASA. “Una vez obtenidos todos estos permisos, recién podría comercializarse esta papa resistente al virus”, concluye Rudoy.

viernes, 15 de marzo de 2013

Malezas resistentes: llegó la hora de cambiar el sistema táctico

Diversificación de cultivos, monitoreo, controles anticipados y planificación, entre las armas para el combate.

 

 

La aparición de malezas resistentes en cada vez más lotes y el hecho de que sean tolerables a los herbicidas habla del fin de las recetas mágicas, y de que no todo se puede simplificar a una o dos herramientas para el control y manejo de los cultivos.
El regreso a las fórmulas de antaño, con la visita permanente al lote, el respeto a la diversificación y hasta la extracción manual de los primeros ejemplares rebeldes, pasan a formar parte de los consejos de los especialistas.
En un complejo en las afueras de Luján, provincia de Buenos Aires, la firma alemana Bayer reunió a cuatro malezólogos para analizar la situación en las distintas zonas productivas. Junto con la presentación del nuevo activo PercutorMa, se trazaron conclusiones sobre la aplicación de alternativas a una problemática que tiene a la provincia de Córdoba como una de las más afectadas.

Antecedentes.
Desde mediados de los ‘90, cuando comienza a utilizarse soja transgénica y siembra directa en alto porcentaje, se fue provocando un cambio en la población de las especies. “Al comienzo no se veían problemas, pero al ir modificando el medio y hacer presión selectiva con el uso del glifosato, aparecieron individuos tolerantes y especies resistentes. Estamos en una etapa en la que se complica el manejo en el sistema productivo, aunque no quiere decir que sea un problema insoluble”, comentó Juan Carlos Ponsa, del Inta Pergamino.
Su colega Juan Carlos Papa, del Inta Oliveros (Santa Fe), coincidió en que desde el uso de la soja RR se empezó a pensar que las malezas habían desaparecido y no era necesario más conocimiento, tecnología ni un técnico operando sobre esta problemática. “La realidad es que ante este grado de simplificación extrema tuvimos una respuesta clara. No se quiso ver la verdadera naturaleza del problema, que es biológico. Se trató a organismos vivos como si fueran engranajes de una máquina. Pero son dinámicos, evolucionan y se adaptan”, explicó.
El uso de un solo herbicida asociado a un solo cultivo, dentro de un modelo en el que se lo piensa como única herramienta sin integrar otras en el programa terminó generando las consecuencias a la vista.

Diversificar.
El profesional santafesino insistió en que la clave está en la diversificación de cultivos, métodos de control y manejo. “Cosas tan simples como realizar relevamientos oportunos nos permitirían contar con otros métodos de control. Cambiar las reglas de juego permite anular o al menos retrasar los procesos adaptativos de las malezas. No darnos cuenta nos hacer correr riesgos cada vez mayores”, advirtió.
En la misma línea, Luis Lanfranconi, del Inta Río Primero, puso sobre la mesa que todo proceso tecnológico “tiene pros y contras”, pero que el hecho de “casarse” con una tecnología trajo la consecuencia de las malezas resistentes.
“No es algo que se resuelve por decreto, sino con educación. Córdoba tiene uno de los problemas más serios y es una de las provincias con más malezas resistentes. En el marco de una rentabilidad que cae, con costos crecientes y tecnología más costosa, todos los actores del proceso productivo deben involucrarse en la solución”, definió.
En el noroeste argentino es donde se dan las mayores resistencias por parte de las especies. De hecho, fue en esa región donde aparecieron los primeros ejemplares de sorgo de alepo que sobrevivían a la acción del glifosato, usado como modo de acción excluyente.
Para Ignacio Olea, de la Estación Experimental Obispo Colombres (Tucumán), la mejor estrategia es “jugarle de atrás” a la maleza y atacarla en su debilidad. “Una vez emergida, ya no es fácil. El glifosato, que era la gran arma, ya no es útil por la resistencia desarrollada. Hay que anticiparse y controlarlas cuando están germinando, con herbicidas residuales”, apuntó el tucumano, llamando a aprovechar el período de barbecho, “que es cuando se inician los problemas”.
Más allá de la articulación de varios productos en un mismo modo de acción, desde las diferentes estaciones experimentales remarcan aspectos que van más allá de la mera matanza de malezas.
Volver al monitoreo. Uno de los puntos que se recalca es que el personal capacitado vuelva a intervenir en la solución de algo tan simple como el monitoreo. Durante los años en los que glifosato parecía ser la solución de todo, la palabra y la presencia del profesional abocado a las malezas pasó a un segundo plano, por no decir casi al olvido.
Si bien proponen seguir avanzando en investigaciones hacia la articulación de productos de un mismo modo de acción, en todos los casos debe enfocarse hacia distintos manejos y estrategias de control para no repetir los mismos errores. “Hay biotipos que no son satisfactoriamente controlados con la tecnología química de la que se dispone frecuentemente”, remarcaron.
El involucramiento de todos los actores de la cadena productiva alcanza también a los contratistas, que juegan un rol fundamental en evitar la contaminación de los lotes.
Muchas veces no se detienen a limpiar la máquina y van de un lote a otro transportando la semilla de la maleza resistente. Una de las variantes que se proponen desde el Inta es dejar siempre para el final el lote con mayor porcentaje de plantaciones dañinas, para que no mezcle con el resto. También se propone utilizar fardos para limpiar la máquina antes de continuar el trabajo en otros campos.
Frentes de combate. La suma de acciones para combatir las malezas es una visión que también se sostiene desde la empresa Bayer. Matías Pastore, coordinador de asistencia técnica, dijo que Percutor, el herbicida presentado por la compañía, “es una herramienta de control, pero no la única” y que deben sumarse otros elementos para lograr una más alta eficacia.
El “no hay receta” fue tajante y estuvo presente en boca de cada especialista. Insistieron en que las acciones no se pueden reducir a un lote o a una campaña en la que aparecen problemas. El manejo de las malezas requiere de una planificación, que no se termina en centrar todo en la acción de los herbicidas. “Desde 1996 a esta parte, el productor descansa más en la eficacia del producto que en su propio accionar”, reflexionó Papa, y eso es algo que tiene que cambiar.
Nuevo herbicida
Percutor. El nuevo herbicida de Bayer fue presentado ante asesores y prensa, acompañado de resultados de experiencias en el país realizadas desde Bahía Blanca hasta Salta, precisó Jorge Barrionuevo, jefe de soja en la compañía. Sergio Cepeda, coordinador de desarrollo de herbicidas, explicó que Percutor es un producto para barbecho aplicable a soja y maíz, con residualidad de 90 a 120 días, según las condiciones. Está pensado para mantener lotes limpios antes y después de la siembra, y controlar malezas como rama negra, viola, senecio, verdolaga, lamiun, bowlesia y una veintena más. Se recomiendan dosis de 30 a 45 gramos por hectárea. Ataca por las raíces y hojas, con movilidad acrópeta y basípeta.

Fuente: La Voz del Campo